TOMARLO TODO POR SENTADO

Caerán las hojas de este otoño, y con su manto de colores, nos recordarán todo lo que hemos perdido por el camino este año. Difícil despedirse de las sonrisas, los abrazos, las certezas y las rutinas del pasado. Todos hemos cambiado, ya no somos los mismos. Andamos echando de menos en perpetua nostalgia, el sabor de lo cotidiano, lo que justo antes nos sobraba o en todo caso, dábamos por sentado. Sí, es una forma de vivir por desgracia muy habitual entre los humanos. Tomarlo todo por sentado. La falta de gratitud en poco tiempo se traduce en sufrimiento, enfermedad y fragmentación. Desde este punto en el que nos encontramos, será fácil ver brotar la violencia, porque el amor y la honra a la vida ya se ha visto muchas veces bloqueado.

Para muchos, el trabajo se desvanece entre los dedos. Para todos, la libertad individual, queda en entredicho. Y así, a golpe de restricciones, comprenderemos que la libertad no es moverse adonde uno quiera, prescindir de la mascarilla o elegir cómo pasar el tiempo. “Libertad es lo que uno hace con lo que le han hecho”, afirmaba Jean Paul Sartre. Dicho de otro modo, es agradecer el pasado para poder tomar la fuerza de vivir en el presente, nuestra propia vida. El que se siente libre, se ha reconciliado, con lo de antes y lo de ahora. El que se siente libre, no se posiciona a favor o en contra, transciende con su actitud amorosa cualquier atisbo de dualidad.

Vivimos aislados, elucubrando en silencio acerca de lo que vendrá. Unos, con miedo. Otros, con impotencia y enfado. Atravesando este inmenso mar a ciegas. La vida nos da una inestimable lección acerca de lo que significa la incertidumbre, y nos muestra sin tapujos la vulnerabilidad de lo que somos. Si conseguimos agotar esa fragilidad de nuestra existencia, se abrirán paso nuevas fortalezas. Porque quizá por primera vez nos damos cuenta de que saberse vulnerable, es conectar con nuestra grandeza. ¿Quién es el valiente que se entrega incondicionalmente a la realidad de lo que estamos viviendo? La pandemia nos invita a abrir los ojos y acoger en nuestro corazón todo el dolor, la desgracia, la enfermedad, la desesperación. Para incluir, es necesario renunciar a tomar partido a favor de unos, en contra de otros.

Algo diferente, completamente nuevo, nos está esperando. Solamente lograremos saltar al otro lado diciendo adiós a los referentes que construyeron nuestras vidas. Algo que ya hemos perdido, por cierto, en tal sólo unos pocos meses.

Toda la humanidad se encuentra inmersa en un proceso de duelo. Parece que nos despedimos, pero nos cuesta renunciar a perder aquello que defendemos y sabemos que echaremos de menos. Nada de aquello en definitiva nos perteneció, solamente pasó por nuestras manos como un preciado regalo, y muchos entonces nos permitíamos el lujo de “darlo por sentado”.

Soltar y dejar ir, desde la confianza de que somos guiados hacia un nuevo umbral. Puede que el cambio no lo veamos nosotros, puede que nuestros nietos empiecen a disfrutarlo. Tan sólo nos tocó. Nos tocó convertirnos en impulsores, con humildad y respeto. Con dolor y miedo. Con pocas certezas. Con verdad e inteligencia.

Más vulnerables y más fuertes que nunca antes, caeremos en la cuenta de que un día nos prestan la vida para caminarla, en sintonía con un destino, una música, una cadencia.

A cada cual el que le toque. Y como humanidad, el que nos toque.

Noelia Román Barrero.

Septiembre, 2020.